viernes, 21 de noviembre de 2014

La década endeudada


 Hoy puede oírse y verse, a toda hora, todo tipo de manifestaciones con una frase -muletilla que resuena repetidamente como si fuese un slogan comercial que, si uno arribara por sorpresa a la Argentina, nos haría inflar el pecho y golpearlo fuertemente con orgullo patriótico.

“¡Patria o Buitres!” puede leerse, verse y escucharse en militantes, periodistas y medios oficialistas como si fuese un fragmento inédito recién descubierto del “Martín Fierro”.

Claro que esto es como aquellas marquesinas, que uno puede ver por las calles. Esas que sirven de perímetro para una obra en construcción que está dando sus primeros pasos. En ellas puede verse todo tipo de anuncios con grandilocuentes imágenes, fotos y colores pero que si asomase alguien sobre estas, detrás hay un terreno baldío.

Yerma es la frase y el sentido de este slogan que, a esta altura, suena a una gran tomada de pelo o a otro de los tantos “panfletos” que durante esta autoproclamada “década ganada” los militantes, esbirros, paniaguados e ilusos creyentes de esta gestión kirchnerista han desparramado, como arrojando volantes desde arriba de un avión.

Es solo ponerse a contar un par de puntos, concernientes a este dilema, para poner de rodillas a este vacuo panfletarismo con el que intentan confundir a la opinión pública. Por desgracia aún lo están logrando en un porcentaje alarmantemente apreciable.

Hagamos un repaso: El 23 de diciembre de 2001 Adolfo Rodríguez Saa asumió la presidencia de la Nación luego de los desmanes que se habían producido tres días antes que terminaron firmándole el certificado de defunción al nefasto gobierno de Fernando De La Rúa.

En su discurso de asunción, el puntano, declaró la suspensión de los pagos de la deuda externa y el congreso parecía la capital mundial de la alegría.
Casi la totalidad del recinto ovacionó la medida. Los aplausos llegaban desde casi todos los sectores y muchos hasta se pusieron de pie para vivarlo.
Una semana más tarde las cacerolas volvían a ser golpeadas, en las calles, como así también comenzaron a producirse saqueos y otros actos de delincuencia dirigida desde las sombras más lúgubres de la política nacional.
Como consecuencia de esto, el 30 de diciembre, solo 7 días después de asumir y a diez de los sucesos que acabaron con el gobierno de la Alianza, Adolfo Rodríguez Saa presentaba, con todo su gabinete detrás, la renuncia indeclinable a la presidencia, haciendo serias denuncias a sus compañeros de partido, entre ellos a José De La Sota.

Hasta el 2 de enero de 2002 la presidencia fue ejercida por Eduardo Caamaño. Ese día le entregaba la banda presidencial a Eduardo Duhalde que, con el tiempo, terminó ratificando el default (no le pagó a nadie) pero nunca alguien osó sacarlo a cacerolazos ni mucho menos a provocar saqueos.

Un año y unos meses mas tarde las elecciones proclamaron ganador a Carlos Saúl Menem pero con un porcentaje muy lejano para obtener la victoria en primera vuelta.
Segundo fue Néstor Carlos Kirchner que terminó siendo el presidente de la Nación cuando el riojano se bajó de la fase de ballotage advirtiendo que perdería por amplio margen, cuidando así su “invicto” electoral. El 25 de mayo de 2003 asumió, el patagónico, la primera magistratura vernácula y con el comenzaba la década kirchnerista.

En 2005, viajó junto a su ministro de economía, Roberto Lavagna (que venía desde el gobierno de Eduardo Duhalde) para “negociar” el tema espinoso de la deuda en default.

Este hecho pasó a ser sindicado como patriótico y poco menos que épico. El “megacanje” de deuda se concretaba y, según la militancia kirchnerista con una quita inconmensurable y una negociación mas que beneficiosa para todos los argentinos.

Pero la verdad es otra muy distinta. La idea es desglosarla en sus puntos más importantes y dañinos.
En esa “negociación” se refinanció la deuda a 30, 35 y 42 años, bajándose, en forma comparativa, las tasas de interés que eran del 11 o 12 %  al  8,28%. Hasta acá todo bien.

Pero aparecen las cuestiones obscuras que atentan contra nuestra soberanía e integridad nacional. Se dice que el canje consistió en un quita del 66 % cuando en realidad fue del 44 %, medida en valor absoluto. Esta “quita” fue largamente compensada con entrega de cupones ligados al PBI.

Por cada 100 dólares que los acreedores entregaron, en bonos viejos, el gobierno le dio un bono nuevo a treinta o treinta y cinco años por un valor de 56 dólares y otro, ligado al crecimiento del país, por 48. O sea que la Argentina le reconocía 104 dólares por cada 100 presentados por los reclamantes

Esto sumado a las estadísticas falsas que comenzó a ofrecer el  INDEC, que dio un índice de crecimiento no real, aceleró el proceso de pago y provocó el  estrangulamiento de la capacidad de cumplimiento del país. A los dos años de firmado este “megacanje” ya la Argentina no podía concretar ninguna cancelación de los compromisos que había pactado.

Fue así que comenzaron a buscar recursos en las reservas del Banco Central y, como esto tampoco era suficiente, decidieron estatizar las AFJP para extraer dividendos de los fondos de garantía de sustentabilidad de los jubilados y poder cumplir con lo firmado. El 64% de los fondos de jubilaciones fueron prestados al tesoro nacional para poder afrontar compromisos con la usura internacional.

Pero no todos los problemas pasan por no poder cumplir con este mamarracho perpetrado por Kirchner y Lavagna. Otro de los “gestos patrióticos” que tuvieron, estos personajes, fue la de firmar que si Argentina no podía cumplir con estos compromisos, sería la justicia norteamericana la encargada de ejecutar sentencias sobre la mora de nuestro país.

Ergo la militancia y los paniaguados del régimen le dicen barbaridades al juez Griesa que no hace otra cosa más que cumplir lo que Néstor Kirchner y su ministro de economía firmaron en 2005. Un dislate sin precedentes.

Todo esto pasa en Argentina que tiene un fallo del juez Jorge Ballesteros quién declara a la deuda como “ilegal, inmoral, ilegítima y fraudulenta” en el que ni Néstor Kirchner ni Cristina Fernández se ampararon para decir que la Argentina va a honrar su deuda, si es que ya no se canceló, pero que no va a convalidar la estafa. Esto hubiese sido un verdadero gesto soberano.

La deuda lejos de decrecer aumentó  y la situación es cada día más inmanejable. Al llegar al gobierno, los Kirchner tomaron el país con 200 mil millones de dólares de deuda. Hoy, según cifras oficiales que nunca han sido demasiado viables, ronda los 250 mil millones. Estos datos los ofrece el gobierno de la presidente que ha dicho ser “pagadora serial” y que ademas aseguró, en cadena nacional, que la Argentina ha abonado 190 mi millones en 10 años.

Las preguntas que surgen son: Si en 2003 debíamos 200 mil millones de dólares y pagamos, durante 10 años, 190 mil millones ¿Cómo puede haber aumentado la deuda? ¿Qué pagamos, entonces?

Como si no nos alcanzara con estas “pesadillas” este gobierno pidió fondos en el Club de París, al que debió reconocerle una deuda mayor, a la que ya tenía, para poder acceder a un nuevo crédito y también solicitó ayuda financiera a los chinos, con una “frutilla en el postre” escalofriante: De no poder honrar esa nueva deuda con los asiáticos la causa tramitara en manos de jueces ingleses, en tribunales franceses.

Como pueden ustedes leer, la cuestión de la deuda no solamente no nos dio su capítulo más tenebroso sino que además recién está en plena génesis.


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